Abres la puerta y pasas a la habitación. Entonces, ya dentro, resulta que hay un rinoceronte enorme, de esos que ves alguna vez por la tele y no parezca que puedan existir fuera de ella.
No parece molestarle lo más mínimo tu presencia, incluso diría que la agradece.
Los nervios son todo tuyos.
Así que era cierto, y sientes una gran admiración y respeto, amor, aunque lo acabes de conocer y no sepas nada de él...
En otro orden de cosas, tu gato no se come las aceitunas y te has clavado una astilla de la reposadera de madera de tu retrete.
A lo mejor el rinoceronte es un conejo engrandecido por la luz de una lámpara. Y quién quiere retretes de madera teniendo arena...olorosa y sucia arena...mmm.
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